lunes, 3 de junio de 2013

Corpus Christi

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.

La fiesta del Corpus Christi (en latín, Cuerpo de Cristo) es una fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía y se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección. Atendiendo a las circunstancias astronómicas, el Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte.

Esta fiesta surgió en la Edad Media, cuando en 1208 la religiosa Juliana de Mont Cornillón promueve la idea de celebrar una festividad en honor al cuerpo y la sangre de Cristo presente en la Eucaristía. Así, se celebra por primera vez en 1246 en la Diócesis de Lieja (Bélgica). En el año 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena (Italia), al romper la hostia consagrada brotó sangre. Este hecho milagroso, muy difundido y celebrado, dio un impulso definitivo al establecimiento como fiesta litúrgica del Corpus Christi.

El papa Urbano IV publicó la bula Transiturus de hoc mundo, en la cual se institucionalizaba la festividad del Corpus, eligiéndose el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad para su celebración. Posteriormente, con el papa Juan XXII, queda definitivamente consolidada esta celebración, sobre todo en el norte de Europa.

Desde 1989 la solemnidad litúrgica del Corpus se celebra en domingo, aunque diversas localidades celebran la procesión en el jueves tradicional, que es declarado fiesta local por sus respectivos ayuntamientos. Es el caso de mi tierra.

Centrándonos en Sevilla, esta festividad se celebra desde principios del siglo XV, siendo los primeros datos que se tienen de 1426, y en 1532 es cuando se acuerda el recorrido de la procesión, el mismo que aún hoy día se realiza. Prácticamente desde esta época se cubren las calles con romero, juncia y tomillo.

El Rey Carlos III suprimió los actos populares de carácter festivo como eran los bailes y los gigantes y cabezudos, entre ellos los populares “la tarasca” y “el tarasquillo”, considerados profanos (de hecho, eran una alegoría del paganismo), que desaparecieron definitivamente de la procesión.

foto Ángel Martín

En la actualidad, participan en la procesión todas las hermandades de la ciudad, además de autoridades militares, civiles y religiosas, junto a los nueve pasos que la componen: Santa Ángela de la Cruz, Fundadora de la congregación de las Hermanas de la Cruz; las Santas Justa y Rufina, Copatronas de Sevilla; San Isidoro; San Leandro; el Rey San Fernando; la Inmaculada Concepción; el Niño Jesús (Obra de Martínez Montañés de 1606); la Santa Espina, también conocida como La Custodia Chica y el Santísimo Sacramento que procesiona en la célebre custodia de plata, obra de Arfe.

El recorrido de la procesión se engalana con diversos altares que instalan hermandades y algunas asociaciones. También se exornan los escaparates de los comercios y los balcones.

Además, el domingo por la mañana se celebra el Corpus que organiza la Hermandad Sacramental de la Magdalena, todo un clásico. Recorre desde las 9 y media de la mañana las calles de la feligresía la que, para mí, es la procesión más bonita de Sevilla.


La Cruz de Guía Sacramental abre el cortejo, seguida por la numerosa representación de la Hermandad de La Quinta Angustia, compuesta por una amplia mayoría de niños (poco antes de empezar, así estaba nuestra Capilla), que porta el paso del Dulce Nombre de Jesús, obra de Jerónimo Hernández en 1582, acompañada por la Banda de Música del Maestro Tejera. Este año, el paso con el “Niño”, tras los acordes de la Marcha Real, salió del templo a los sones de Corpus Christi. Y entró un par de horas después con Pasa la Macarena, por el año Jubilar Macareno que acaba de empezar por los 50 años de la coronación canónica de Nuestra Señora de la Esperanza.

Todas las hermandades de la feligresía participan en el cortejo, Carmen del Santo Ángel, Santísimo Cristo del Calvario, Montserrat y Nuestra Señora del Amparo. 
También sale la imagen de la Inmaculada Concepción y cierra la procesión la Custodia con Su Divina Majestad y el clero parroquial. A la entrada y ya en el Altar Mayor, el Santísimo recibe una petalada de flores mientras suena la Marcha Real en su honor. Todo un lujo.




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