Empecemos por la productividad.
Como hemos descrito en anteriores posts, desde mediados de los 90, la economía española no paró de crecer de forma continuada durante 15 años, pero no así la productividad de los españoles. Nuestros proyectos se basaban en expectativas de revalorización de nuestros activos, básicamente, suelo y vivienda, y no en la productividad. No merecía la pena estudiar ¿cuántos chavales dejaban el colegio para irse de albañil a la costa del Sol?. No había incentivos para una mejor formación, es más, la realidad desincentivaba la inversión que, en tiempo y dinero, requería una formación adecuada a los tiempos. Seguro que cualquiera de nosotros conocía a personas que de la noche a la mañana se metieron a promotores inmobiliarios, que los bancos los financiaban y ganaban mucho dinero (lo que no decían es que le debían parte de ese mucho dinero al banco, hasta que éste se lo "recordó").
En resumidas cuentas, se financió un sector tradicional y poco productivo que generaba enormes beneficios debido a la especulación o si lo prefieren a las expectativas como acabo de decir. Pero, recordemos, con dinero prestado que hay que devolver. No invertimos en desarrollo tecnológico ni en la industria que generan valor añadido. Y ahora nos arrepentimos.
Otra cosa es que trabajemos todas las horas que estamos en el puesto de trabajo. Necesitamos más tiempo para producir lo mismo que otros trabajadores extranjeros y, por tanto, mayor es el coste. Por ahí debería empezar nuestra reforma, la mentalidad.
Pero siguiendo a Kike Vázquez, si calculamos la producción por hora trabajada, los resultados son llamativos. No estamos muy lejos de los belgas, holandeses o americanos pero doblamos a los portugueses y dejamos atrás a británicos o italianos. No somos tan improductivos como nos quieren hacer ver. Nuestro problema es el paro y todo el que quiera entrar de nuevo en el mercado laboral tendrá que reducir sus pretensiones económicas. Esto da que pensar.
El tamaño medio de nuestras empresas es pequeño, no son Pymes sino Mypes (micro y pequeñas empresas). Nuestras empresas son débiles en capitalización y en inversión en formación humana y tecnológica, no les resulta fácil acceder a la financiación y casi no se plantean vender en mercados exteriores, lo que dificulta su competitividad. Para más inri, la ineficiencia de la Administración y la relativa rigidez de nuestro mercado laboral, agravan nuestros males.
Es destacable que la crisis nos está haciendo más competitivos puesto que según los datos de Eurostat y la OCDE la hora de trabajo en Francia, tomando en cuenta todos los sectores, cuesta 35,3 euros, frente a los 32 euros de Alemania, en el segundo trimestre de 2012. Parece poca diferencia, pero es un 10% más. Y solo Bélgica soporta unos costes laborales mayores que Francia. En España, la hora de trabajo cuesta 20,8 euros.
En un artículo que apareció en Cincodías, se comprueba cómo desde el inicio del euro España fue perdiendo posiciones frente a la zona euro, hasta alcanzar un máximo en el tercer trimestre de 2008. Respecto a los costes laborales unitarios, la pérdida se elevó a 16 puntos, mientras que en lo que se refiere a los precios, la merma se limitó a 10 puntos. Da la impresión que estamos recuperando la competitividad perdida en esos años a base de bajar salarios y, poco a poco, precios. Incluso para algunos prestigiosos economistas, España es competitiva y nuestro problema es la deuda. Algo que ya hemos comentado en este blog.
Pero no todo va a ser malo, por primera vez en nuestra historia contamos con verdaderas multinacionales que pueden servir de locomotora y de guía a otras empresas españolas en su camino para competir en el mundo globalizado que nos ha tocado vivir. Nuestra balanza exterior se va equilibrando, suben nuestras exportaciones y bajan las importaciones, ciertamente por falta de demanda interna. Pero el mercado es global, hay que vender donde sea y no pensar sólo en el mercado nacional. Ya es hora de proponer soluciones.
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